La ruta nocturna por Calar Alto nos regaló una experiencia distinta a la montaña: silenciosa, amplia y envuelta en la luz fría de luna. Caminamos bajo un cielo limpio. Las cúpulas del observatorio, recortadas contra la oscuridad, guiaron nuestro avance mientras el viento suave nos recordaba la altura y la calma de este lugar único. Fue una travesía tranquila, compartida, en la que el grupo disfrutó del contraste entre la inmensidad del paisaje y la intimidad de la luz de los frontales. Una ruta sencilla pero especial, marcada por la magia de caminar cuando la montaña duerme.












