La ruta nocturna hacia Majada Redonda, en pleno corazón volcánico del Cabo de Gata, nació como un pequeño refugio frente al ritmo intenso del verano. Cuando el sol deja por fin de apretar, el paisaje se vuelve más amable y la montaña recupera su silencio. Avanzamos bajo una luz tenue, con la brisa marina colándose entre las laderas. Pero lo que hizo especial esta salida fue la compañía: caminar juntos, sin prisa, compartiendo conversación y pausas, sintiendo cómo la noche nos regalaba un respiro que durante el día parece imposible. La caldera volcánica de Majada Redonda nos recibió tranquila, amplia, casi íntima, recordándonos que incluso en los meses más duros de calor hay rutas que motivan, que reconectan y que se disfrutan mejor cuando se comparten.












